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Prueba Yamaha WR250F. Terciopelo azul.

Llamada en su día a dominar el mercado, aunque en los últimos tiempos la competencia a reaccionado de un modo contundente, la Yamaha WR250F mantiene una sólida presencia en el mercado, prueba de una solvencia excelente, tanto para el usuario del montón como aquéllos que quieren una moto con múltiples posibilidades de preparación.
Prueba Yamaha WR250F. Terciopelo azul.
La estabilidad de la WR250F es impecable en todo tipo de situaciones.
Como bien sabemos, las marcas japonesas no son muy dadas a los grandes cambios anuales de sus modelos de enduro. El modelo 2010 de la Yamaha WR250F recibe cambios estéticos respecto a las anteriores, que fueron profundamente remodeladas en el modelo 2008.

De entrada, como en todas las motos de la firma de Iwatta, se aprecia una excelente calidad de fabricación y materiales. Lo que siempre es una garantía en unas motos que por su uso estarán expuestas a un duro trabajo, caídas, etc.

La estética, como casi siempre es discutible, el azul de la marca se nos antoja al menos elegante, aunque el conjunto de adhesivos la hacen un tanto conservadora.

A simple vista siempre llama la atención del “gran faro” que llevan las WR, de un tamaño “trail”, que si bien estará un poco expuesto a pedradas y demás, siempre agradeceremos cuando nos sorprenda la noche.

En los plásticos, de excelente calidad y ajuste, apreciamos detalles muy cuidados, como el acceso al filtro del aire, rápido y sencillo, lo que nos facilitará la siempre imprescindible tarea de limpiar este elemento.

Las suspensiones están encomendadas a material Kayaba, que en esta unidad se muestran con unos reglajes óptimos para el enduro, al menos para nuestras exigencias y complexión física. El recorrido es de 300 mm la horquilla delantera, invertida por supuesto y de 310 mm. el recorrido que da el amortiguador con bieletas.

El conjunto de frenada es como no, Nissin, como siempre en esta marca impecable, en tacto y en potencia. Incorpora el típico display multifunción, montado junto al manillar Protaper de formas bastante cómodas.

El célebre y efectivo doble cuna de aluminio, envuelve el muy fiable motor de cinco válvulas de titanio, que viene alimentado por el carburador Keihin FCR/MX37/1, a la espera de que, como ya ha sucedido en motocross, aparezca la tan esperada inyección electrónica y otros avances como el nuevo motor inspirado en el 450 de cilindro inclinado hacia atrás, que ya llevan las cross de la marca azul.

El embrague, de buen funcionamiento y tacto, es por cable, a diferencia de otras marcas, a buen seguro será un elemento que acabará, como la mayoría, siendo de accionamiento hidráulico.
Prueba Yamaha WR250F. Terciopelo azul.
La caja de cambios, como siempre en las WR, continúa siendo de 5 velocidades ... ¿para cuando 6 marchas?. Un cubrecárter de plástico de serie proteje los bajos del motor. Cuenta además con vaso de expansión, un buen detalle, pero siguen faltando los siempre imprescindibles cubremanetas, algo incomprensible en una moto de más de 6.000 €.

El colector de escape, protegido como en toda máquina japonesa, lo que nos evitará las odiosas quemaduras en los pantalones. En cuanto al silencioso, que hace gala de dicho nombre con creces, es el responsable del bajo nivel de decibelios de la WR250F, aunque también de que se note un tanto estrangulada, como si tuviera más caballos, pero bien atados y escondidos en su interior.

En cuanto al peso, si bien es algo más pesada que las “reinas” de la categoría, la KTM EXC250F y la Husqvarna TE250, está poco más allá de los 110 kg. en vacío. Salvo cuando vamos muy cansados o tenemos que levantarla después de varias caídas, nada que objetar en este punto. Aunque cuanto más ligeras sean las enduro mejor, las inercias siempre pasan factura.

La posición de conducción nos parece muy buena, todo está colocado en su sitio y en marcha nada nos molesta.

La puesta en marcha, una vez tirado del aire, es impecable. Se toca primero el botón de contacto y a continuación nuestro querido botón rojo y ¡voilà! la pequeña japonesa entra en acción. Mediante el pedal de arranque tampoco reviste complicación alguna.

Nada más insertar la primera notamos un buen tacto del cambio, lo mismo que el embrague, al que no encontraremos pega alguna pese a mantener el ya vetusto accionamiento por cable.

El escalonamiento se muestra adecuado, si bien la quinta velocidad queda algo descolgada, pero permite con ello ir más desahogado por pistas y zonas rápidas. En cualquier caso nos gustaría que la Yamaha tuviera seis marchas, lo que posibilitaría un mejor aprovechamiento del motor.

En la primera parte del recorrido del acelerador, la WR se muestra dócil, con unos bajos acordes con su cilindrada, que nos permitirán trepar a gusto en las trialeras, sin cansarnos en exceso. Cuando las cosas se complican, como es lógico en este tipo de motos, hay que ir pendiente del cambio, acelerador y embrague, pilotando más en definitiva.

Si llevamos una buena coordinación de todos estos elementos, la pequeña WR250F es capaz de todo. Recordemos que las motos más pequeñas, para ir deprisa, requieren una mayor atención, lo que nos hace en definitiva mejores pilotos.

Ello no quiere decir que no sepa caminar, resulta apta para todo tipo de pilotos, cuenta con un chasis excelente, con el compromiso justo entre estabilidad y aplomo en linea recta, superando todo tipo de piedras, baches y demás accidentes con gran seguridad, y una buena agilidad en el tren delantero, lo que apreciarán sin duda los pilotos más rápidos y con mayores aspiraciones deportivas. Prueba Yamaha WR250F. Terciopelo azul. Ya que hablamos de este tipo de pilotos, como hemos dicho antes, parece que el motor vaya un tanto ahogado por el restrictivo escape, que tenga muchos más caballos ocultos, pero estos es fácilmente solucionable con la industria auxiliar, existen multitud de opciones de colectores y silenciosos, algo que se puede ver en competición, donde es una de las monturas más empleadas.

Si, estamos de acuerdo, es dinero, pero a cambio nos permite adecuar la moto a nuestro gusto y necesidades, es además una de las mecánicas más estudiadas para sacarles un buen rendimiento extra.

Prueba de ello son los excelentes resultados que obtienen en el mundial y en el nacional pilotos como los hermanos Cristóbal y Víctor Guerrero, defensores de la marca que nos muestran todo lo que se puede hacer con las pequeñas máquinas azules.

Cuando estiramos las marchas comenzamos a explicarnos parte de los resultados. Resulta sorprendente lo que aguantan el sobre régimen estas motos.

Evitar algún cambio de marcha muchas veces supone arañar unos preciosos y decisivo segundos al crono, parece que puedan aguantar a tope durante mucho tiempo sin protestar. Esto debemos aprovecharlo sobre todo en las subidas más complicadas, de aquéllas que requieren una buena inercia y decisión para no cometer errores.

Pero tranquilos aunque vayamos muy rápidos, cuando llega la hora de frenar, el conjunto Nissin se muestra tan potente y dosificable como cabe de esperar en una enduro de verdad.

En las trialeras, resulta muy dócil y poco cansada, si tenemos las cosas claras es un arma de lo más eficaz. Las suspensiones Kayaba cumplen sobradamente en las pequeñas y grandes irregularidades, siguiendo la trazada deseada con fidelidad.

Ante los escalones, como es lógico, requiere un pelín de anticipación respecto a motos de dos tiempos o de mayor cilindrada. Si lo hacemos bien, en la Yamaha podemos encontrar una compañera de lo más fiel.

A los que vengan de otras motos más potentes, en un principio, les puede parecer que le falta “chica”, pero sin embargo, una vez en la montaña las cosas cambian y es increíble lo rápido que se puede rodar con estas motos, además durante mucho más tiempo.

Si bien parece que para el 2011 tampoco se esperan grandes cambios en esta moto, a la espera los nuevo su revolucionarios motores que se presentarán también para las enduro azules del 2012, no cabe duda de que estamos ante una gran moto, para muchos años. Una de esas mecánicas “amigas”, de esas motos que desde el primer momento parece que llevamos mucho tiempo con ella, lo que dice mucho a favor del buen hacer de Yamaha.

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