Cuando hay muchas, lo ideal es atravesarlas por las crestas, deprisa y diagonalmente, así la moto se hundirá menos, parecerá incluso que “vuela” sobre ellas.
Si no tenemos opción a evitarlas, hay que elegir siempre la que tenga menor profundidad. Una vez dentro hay que llevar siempre gas. En el momento que cortamos es la rodera la que manda e incluso podemos caer, pero no se debe luchar contra la rodera, hay que dejar correr la moto.
Entre los principiantes, cuando se piensa que se ha entrado muy deprisa o que se va a perder el control, el miedo hace que corten gas, en ese momento será cuando la moto, frenada por la rodera, les hará caer.
Cuando avanzamos por una rodera y se va haciendo más y más profunda, debemos sentarnos, con el peso atrás e ir remando con las piernas, sin soltar el gas en ningún momento.
Bien sujetos al manillar para no quedarnos atrás. Los más altos en estas condiciones irán más incómodos. En las roderas, a diferencia de las rectas, la posición más recomendable es pasar sentado.
La cantidad de agua caída y el tipo de terreno también condicionan el pilotaje. Si el terreno absorbe bien el agua y el barro sale despedido con facilidad, es una verdadera delicia. La moto agarrará como nunca, las tumbadas serán increíbles. Si se han formado peraltes en la curvas, podremos aprovecharlas para apoyarnos en ellas y rodar más rápido.
Cuando solo la capa superior está mojada y el suelo está duro, el piso estará más resbaladizo que nunca. Es incluso posible que debajo de la capa blanda se hagan roderas duras e invisibles al ser tapadas con barro blando nada más pasar un piloto.
En estas circunstancias hay que extremar las precauciones. Hay que ir muy finos con el gas, ya que la moto puede derrapar de golpe haciéndonos perder el control. Esto suele ocurrir en terrenos arcillosos, donde el agua no ha llegado a penetrar con profundidad.
La única ventaja de este tipo de suelo, es que los peraltes formados, suelen ser más consistentes y podemos apoyarnos en las curvas con mayor confianza que en los terrenos que tiene más arena, donde los apoyos no son tan fiables.
El tipo de barro puede requerir un pilotaje diferente. Un barro arcilloso, como el de Guadalajara, es muy consistente y pegajoso, tiende a quedarse pegado a nuestra rueda. Las roderas tienden ha hacerse más profundas y consistentes. Requiere más decisión, pero también una mayor precisión en nuestro pilotaje.

En carrera, con el paso de los pilotos, se formarán varias roderas y peraltes. Hay que elegir siempre el que ofrezca una trazada más redonda y que a un tiempo sea menos profundo.
Una rodera profunda no da muchas opciones. Se acaba convirtiendo en una especie de canalón.
En las subidas la inercia tiene más importancia que nunca, debemos elegir, en ocasiones en décimas de segundo dónde debemos acelerar y donde pasar solo con la inercia. Dar un golpe de gas inoportuno en un lugar inadecuado puede hacernos caer o fallar en nuestro intento.
Del mismo modo en las bajadas debemos ir atentos a las zonas donde podemos frenar y disminuir la velocidad de la moto y dónde hay que dejarla correr.
Hay que ser decidido, una duda con el gas o un fallo en la colocación del cuerpo y nos podemos quedar clavados en una poza de barro, en la que no solo perdemos nuestro tiempo, sino muchas energías en sacarla, que luego podemos necesitar.
Barro y raíces o rocas
Aunque también lo comentamos en el capítulo trialeras, se trata de una combinación muy resbaladiza, donde la inercia adquirida antes de llegar a ellas tiene su mayor importancia.
Las raíces suelen ser menos gruesas en la zona en que comienzan a hundirse en la tierra, en el extremo final. Nunca se debe acelerar sobre ellas.
El grado de humedad que adquieren las hace muy resbaladizas. Hay que procurar atravesarlas de modo perpendicular, no en diagonal. Como en el caso del barro sobre roca, debemos acelerar y coger toda la inercia que podamos solo donde lo permita la adherencia de nuestro neumático.
En la foto 2 Quique Vega nos muestra la conducción "al ataque", siempre con gas, básica en la conducción sobre este resbaladizo elemento. El único miedo que hay que tener es ha relajarse con el acelerador.
En la foto 3 Johnny Aubert pasa con inercia y buen tacto de gas sobre un grupo de rocas embarradas.